Que estamos viviendo días oscuros no es nada nuevo para nadie. Una crisis financiera, una crisis de la deuda soberana, una falta de liderazgo y/o iniciativa política en la UE… y ahora las notas de los principales bancos mundiales- ya no solo Santander- y la de países como España se está revisando por las agencias de calificación a la baja.
Las agencias de calificación- Standard & Poor, Moody’s, Fitch- nacieron debido a la necesidad de conocer que había detrás de cada empresa, activo, acción… Su trabajo es, mayoritariamente, el de indagar en las actividades contables de la empresa y valorar si la visión que tiene sobre sí misma es real y objetiva; es decir, si cada activo, por ejemplo, vale lo que se dice que vale. Entre otras funciones, las agencias de calificación también acreditan tal empresa acordemente a su situación; tal función sirve, en teoría, para que los inversores conozcan lo que hay detrás del nombre de la empresa, su viabilidad a largo plazo, liquidez, situación financiera… Tal información es evaluada y graduada de forma que, las empresas que van mal reciben una nota más baja y, por lo tanto, están mal vistas por los mercados, tienen más dificultades para pedir préstamos bancarios, su venta de acciones se empieza a ver dañada debido al miedo a la bancarrota, los proveedores son más cuidadosos a la hora de proporcionar y los acreedores empiezan a buscar alternativas.
El papel de las agencias de calificación fue de gran importancia durante la crisis de 2008; entonces los paquetes de deuda tóxicos que salieron a la venta fueron evaluados con una triple A (AAA), la nota más alta de todas, fue como si se compararan los paquetes tóxicos con deuda soberana de un país como Alemania. ¿En qué estaban pensando? Fue lo que se les preguntó en los juzgados americanos, cuando se les llamó a declarar. Inteligentemente ellos contestaron que sus evaluaciones eran una simple opinión de tales paquetes, y de que de ninguna manera esperaban que su opinión se fuera a tener en cuenta cuando esos paquetes de deuda fueron asegurados por la agencia AIG- si, la patrocinadora del Manchester United- lo que llevó a la quiebra a tal aseguradora pues no pudo hacerse cargo del seguro que reposaba sobre los paquetes tóxicos.
Ahora, en esta crisis de la deuda soberana de 2010, las agencias de calificación están teniendo un papel muy activo; calificando la deuda de países enteros como Grecia o España, la de bancos comerciales como Santander y, ahora, del más grande inversor de todos, Goldman Sachs- otro villano en la crisis, vale, pero el trabajo soñado ¿no?- que ha reportado pérdidas de cientos de millones de dólares. También, la deuda de España ha sido calificada a la baja- quizás un toque al que probablemente será el Presidente de España en poco, Mariano Rajoy.
La pregunta es ¿si ya fuimos traicionados anteriormente por dichas agencias, estamos dispuestos a seguir sus evaluaciones de nuevo? Parece ser que sí pues los bancos aún piden un mínimo de nota para poder solicitar un gran préstamo y todavía no se han tomado medidas legales de importancia contra ellas por su papel en 2008; quizás esperamos que sean ellas las que griten ‘¡Tierra, Tierra!’ al final de esta crisis- si es que tal final existe, por cierto- cuando sus evaluaciones den un giro positivo, cuando sus análisis sean los que denoten un cambio en el patrón negativo, un punto de inflexión.
Sin embargo, soy partidario a NO dejar pasar su falta; tales agencias deben ser penalizadas y reformadas para mostrar mayor transparencia. ¿Cuándo- y aquí viene la moraleja de mi historia- se debe hacer esto? En mi opinión cuando todo esto haya terminado, estamos en tiempos en los que estamos a merced de los mercados financieros, ya no dependemos de nosotros mismos ni de nuestros gobiernos, sino que dependemos de organismos internacionales (el FMI o la UE, por ejemplo) y de su interrelación con otros organismos como bancos y ciertamente agencias de calificación, que metafóricamente son los ojos de los mercados. No creo que sea prudente el quitar los ojos al mercado tal y como están las cosas, recordad lo que pasó en el crack de la bolsa de 1929, fue el miedo -¡vale! Principalmente fue la súper-burbuja financiera, pero fue el miedo lo que la llevó a estallar- lo que llevó a la caída de Wall Street; ciertamente, en estos tiempos de crisis, no conocer el cuándo un país está fracasando económicamente puede llevar a malas inversiones, tal riesgo de malas inversiones hace que la transacción sea pensada e incluso no realizada aún si el país está creciendo poco a poco, lo mismo pasa con los préstamos del banco, los trámites sería interminables y muy probablemente se harían con un interés significativamente mayor.
Lo que podemos sacar de esta crisis es una lección sobre el momento de actuar- en inglés, timing- demasiado pronto puede llegar a ser igual de negativo que demasiado tarde.
Juan Sosa