Hace poco, el mundialmente conocido y ganador del premio Nobel de Economía Paul Krugman publicó un artículo en su blog ensalzando el poder que las teorías keynesianas tenías sobre la economía en relación con la política monetaria defendida desde la otra acera. Krugman se centró en dos puntos principalmente; la efectividad de la política fiscal y el poco efecto que la política monetaria está teniendo sobre el crecimiento económico durante la crisis.
Largos han sido estos años para los keynesianos- entre los que me encuentro yo, hasta cierto punto-con grandes dosis de desprestigio desde el otro lado del charco y con una fama de economía ineficiente y costosa a largo plazo, relacionada ocasionalmente con el socialismo.
Krugman señala que desde que la crisis de la deuda soberana empezara, se tomó la austeridad como principal solución para dominarla, liderando a los principales países de la economía global a un estancamiento económico que está próximo a una nueva crisis- entendida desde el punto de vista de PIB negativo durante cierto tiempo. Los países con deudas ya no crecen y, por tanto, son más vulnerables a los mercados y más dependientes sobre instituciones internacionales como el IMF o incluso bancos centrales, lo que hace su rescate costoso y complicado. Krugman señala que ésta es una prueba de que el keynesianismo no ha pasado de moda y su efecto en la economía es, todavía, importante ya que al haberse hecho exactamente lo contrario, austeridad, se ha llevado a la economía a una situación de estancamiento- el lector ávido habrá notado la similitud de su argumento. También recuerda que el New Deal americano fue quién sacó a América de la crisis de los 30 y el principal artífice ideológico de tal política fue, adivinen, John Maynard Keynes.
No satisfecho con eso, Krugman llega a señalar que la política monetaria expansionista que están liderando la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo de inyectar liquidez como medida para conseguir la deseada expansión en el PIB- recuerden que Milton Friedman argumentaba que en tiempos de crisis, la mejor solución era tirar dinero desde un helicóptero; Krugman asegura que su efecto está siendo marginal- principalmente simbólico, ya que los mercados siempre responden positivamente a nuevas inyecciones- y de que ninguna manera es suficiente para contrarrestar la desmedida austeridad impuesta sobre los países con mayores deudas.
¿Qué quiere decir todo esto? Ciertamente, la política fiscal llega a tener un mayor impacto sobre el crecimiento económico que la monetaria; teniendo en cuenta que la naturaleza de la crisis está relacionada con un factor en especial, la deuda, parece sensato dejar de gastar tanto. Bien, o como diría nuestro segundo Nobel en Economía, Joseph Stiglitz, pero hasta cierto punto; es importante para una economía disponer de todas sus armas, obviamente no dispones de todo el dinero o maniobra fiscal que desearías en estos momentos pero ¿lo sacrificarías todo para reducir significantemente tu déficit a largo plazo? Hay otras formas para salir de la crisis, es innegable que estamos en una posición difícil pero no por ello las medidas deben ser descabelladas; se ha propuesto que haya una política fiscal integrada entre los miembros de la Unión Europea y también la venta de Eurobonos para financiar el crecimiento, son medidas a largo plazo encaminadas a un futuro más estable pero ¿y a corto plazo?; la reforma del FEEF sería un bueno comienzo.
Las perspectivas de futuro son negras- y lo han estado desde 2008- pero podríamos estar peor, si la zona euro entrara en recesión incluyendo a Alemania y Francia no tengo ninguna duda de que, al menos Grecia entraría en bancarrota y quizás- no creo- lleguemos a ver la caída de la zona euro. Parece ser que, contrario a lo que se opinaba hace cinco años, las teorías de Keynes siguen siendo necesarias para el futuro de la economía mundial.
Juan Sosa
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